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Ciberseguridad financiera: construyendo confianza.

Léelo en 3 minutos.

La confianza lo es todo, también en el ámbito tecnológico. Los líderes financieros deben dimensionar los riesgos del entorno digital y analizar qué más pueden hacer para construir redes más seguras y confiables para sus clientes y socios comerciales.

Un problema nacional

La ciberseguridad en México aún está rezagada. La brecha entre los avances tecnológicos y la legislación es amplia y lo impreciso del ámbito legal deja a los usuarios y empresas en una posición muy vulnerable ante la ciberdelincuencia.

Si bien la digitalización financiera significa un gran progreso con múltiples ventajas para los usuarios y las empresas, este cambio implica nuevos riesgos y amenazas que se deben prevenir y toda una cultura a promover. 

Los fraudes cibernéticos han aumentado en incidencia y sofisticación, mientras que los mecanismos regulatorios y el entendimiento de los riesgos del uso de la tecnología se quedan atrás.

Algunas cifras

Un estudio de ciberseguridad realizado por el Gobierno Federal afirma que el 21% de los participantes declararon haber sido víctima de fraudes financieros por medios digitales. Esto no solo implica pérdida a los usuarios, sino también a las empresas. 

En 2018, el costo de estos ciberataques para las instituciones bancarias fue de 35 millones de dólares; para las Sofomes y firmas fintech significó un gasto de 13 y 26 millones de dólares respectivamente. 
A nivel Latinoamérica, somos el país que más invierte en ciberseguridad, sin embargo menos del 10% de las instituciones implementan herramientas especializadas que no sean solo las convencionales.

Más que solo dinero

Estas faltas en los sistemas de seguridad digital y el deficiente marco legal no solo generan pérdidas económicas, sino también siembran desconfianza y desinterés en los usuarios hacia los sistemas digitales.

En términos de seguridad, los servicios financieros en sus bancas digitales se han enfocado hasta el momento en restringir el acceso a los defraudadores, sin considerar que, en la práctica, estas medidas vuelven a sus plataformas poco amigables para sus clientes.
No se trata solo de poner barreras que terminan por alejar también a los usuarios, sino también de procurar la usabilidad y experiencia de estos, invitarlos poco a poco a ir adentrándose al entorno digital. 

Algunas alternativas

Ante la ausencia de estrategias por parte de las autoridades, el sector privado debe actuar; es necesario implementar instrumentos que vayan más allá de la validación de datos u otros métodos que los defraudadores ya han logrado burlar. 

La tecnología biométrica como tal (huella digital, reconocimiento facial) ya es un requerimiento estipulado por la Comisión Nacional Bancaria y de Valores, sin embargo, solo está siendo usada, por ejemplo, para transacciones que superen cierto monto establecido. 

Más allá de estas funciones cuyos requisitos podrían ser suplantados, la biometría conductual analiza datos del comportamiento del usuario que permiten a la Inteligencia Artificial realizar un diagnóstico y diferenciar si es el cliente quien realiza la transacción o se trata de un defraudador. 

Otros sistemas que las empresas en México están implementando son los soft y hard tokens, identificaciones oficiales, mobile tokens, llaves criptográficas, entre otros. 

El reto para las empresas es que, mientras lo legal no evolucione, opten por herramientas de ciberseguridad que sí lo hagan y que garanticen la seguridad de la propia empresa, de los clientes y socios, que a su vez mejoren la experiencia y la confianza de todos los usuarios. 

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